Jonathan y yo nos sentamos, esbozando un plan a grandes rasgos en el reverso de un papel. Era rudimentario, pero serviría. La clave era salir del edificio sin ser vistos. Lino tenía ojos por todas partes y no podía permitirme cometer ningún error.
Espero que me perdone, pero necesitaba hacerlo. Era parte de mi terrible fobia, mi TOC. Si no lo hacía, no tendría paz. Tendría que extremar las precauciones porque ya no estaba sola. Éramos dos personas.
—¿Y bien, cuál es el plan? —preguntó Jonathan,