El amanecer llegó tranquilamente la mañana después del entierro de los asesinos.
No hubo ninguna ceremonia para ellos.
Sin ritos.
Sin canciones.
Sólo la fría eficiencia de los guerreros que entendieron que los enemigos no recibían honor dentro de nuestro territorio.
Pero su presencia persistió.
No como cuerpos.
Como consecuencia.
El patio donde ocurrió el ataque había sido limpiado antes del amanecer. La piedra no contenía ningún rastro visible de sangre. Ahora los guardias rotaban con