La mañana del duelo llegó sin ceremonias.
Sin cuernos.
Sin tambores.
No hubo una dramática reunión de guerreros al amanecer.
El bosque simplemente despertó como siempre lo hacía: una luz lenta filtrándose a través de las ramas de los pinos, la niebla adherida al suelo, los pájaros cantando cautelosamente en el silencio.
Pero debajo de esa superficie tranquila, todo se movía.
Los mensajeros habían salido durante la noche.
Los exploradores habían regresado antes del amanecer.
Los guerrero