Antes de que mi madre perdiera la cabeza y, bueno, se hiciera daño a sí misma por culpa de mi padre, me enseñaba a hornear. La vendieron a mi padre de niña, pero mantuvo una energía positiva en la mafia Morelli. Demostró amor, cariño y la esperanza de que algún día mi padre cambiara. Todo el mundo la adoraba. Sus galletas, todo de ella. Era muy querida. Por desgracia, mi padre no era precisamente un defensor de eso.
La destrozó. Después de tener a Leo fue cuando perdió por completo su don. Su m