Capítulo 153
Punto de vista de Violet
Aprendí algo importante la noche que intentaron venir a buscar a mi hija.
El miedo tiene un sonido.
No son gritos ni pánico, ni siquiera los latidos de tu propio corazón. El miedo es más silencioso que eso. Es la repentina ausencia de ruido: el momento en que el mundo parece contener la respiración, esperando a ver qué harás a continuación.
Cuando las luces parpadearon, cuando el aire cambió lo suficiente como para erizarme la piel, sentí que el silencio se instalaba en mi interior.
Y entonces se rompió.
No en caos.
En claridad.
No grité. No me quedé paralizada. Me moví.
Amelia ya estaba en mis brazos antes de que mi mente se conectara con mi cuerpo. Su calor me asentó, su pequeño peso contra mi pecho me anclaba al presente. Recuerdo haber pensado —de forma extraña e irracional— que olía a leche y lavanda, que respiraba con regularidad, que lo que pasara después tendría que ocurrir *a su alrededor*, no a través de ella.
Cuando Enzo llegó hasta nos