Capítulo 123
Sentada al borde de la cama, me recogí el pelo en un moño despeinado y tamborileé con los dedos en la rodilla, repasando mentalmente cada posible perspectiva del plan. Enzo estaba junto a la ventana, tenso, con la mirada perdida en las luces de la ciudad. Sabía que esperaba que dijera algo, pero el peso de lo que estaba a punto de proponer me mantenía callado.
Finalmente, respiré hondo y dije: «He estado pensando... tenemos que callar a Ray».
Enzo giró la cabeza lentamente, entrece