Ryan me jaló de la manga mientras caminábamos sin rumbo por la calle.
—Mami, ¿a dónde vamos?
—A un lugar lindo —mentí. Forcé un tono alegre en mi voz a pesar de que quería derrumbarme y ponerme a llorar a mares allí mismo frente a él.
Inclinó la cabeza. Me examinó como si pudiera ver perfectamente a través de la mentira.
—Mami, vi nuestras cosas afuera cuando la señorita Rosa me trajo de la escuela. ¿Está todo bien?
El corazón se me partió. Sangró de vergüenza y de impotencia.
—Todo está b