Caminé hasta la puerta, la abrí apenas una rendija y me coloqué en medio, utilizando mi ancho cuerpo para impedir que viera un solo centímetro de la habitación a mis espaldas. Gianna era un bulto debajo de las sábanas y, si se atrevía siquiera a toser, mi vida se acabaría.
Era la tía Alessia.
Incluso a esa hora, parecía lista para una sesión fotográfica con su vestido de seda oscuro. Era la única persona de aquella familia a la que amaba más que a nadie, pero, en ese momento, era la última per