—Cielo, te contaré... — Sarah toma de la mano a su esposo y lo lleva al sofá, donde hace que se siente. Luego, se sube ella en su regazo—. Estábamos en el patio y escuchamos los mismos ruidos de siempre venir de la casa, pero también, escuchamos el maullido de un gatito y fuimos a mirar. Su mamá estaba muerta, quizás envenenada o golpeada y él estaba solito...
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