Al ver la profunda mirada de Sergio, Marina sabía que seguir insistiendo en esto, no serviría de nada. Si seguía desafiándolo, Sergio tal vez haría que la llevaran a la fuerza a casa en ese mismísimo día.
Marina suspiro.
Una persona sabia sabe cuándo ceder y cuándo luchar, por eso la venganza puede esperar. Ceder ahora no significa para nada rendirse.
—Entiendo —dijo Marina.
—Estaré en casa al menos dos veces por semana, ¿eso está bien para ti?
—Tres veces estaría mejor.
—¡Tú!
Marina estaba ya