—¡Dame la llave del auto!
Jaime se quedó estupefacto, pero en ese momento no se atrevió a desobedecer a Sergio. Vaciló un poco antes de sacar las llaves. Al instante, Sergio las tomó y salió apresurado del hospital. Su rostro aún mostraba palidez.
Jaime lo siguió muy de cerca, viendo cómo Sergio subía al coche y arrancaba a toda velocidad.
—¡Señor! —le gritó asustado Jaime detrás del coche, pero Sergio no mostró ninguna intención de detenerse. En poco tiempo, el vehículo desapareció de su vista