Viendo que Marina estaba a punto de desmayarse, Sergio apresurado retiró la mano.
—¡Cof cof!
Marina tosió un par de veces, su rostro seguía rojo y tardó un buen rato en recuperarse.
—Marina, yo…
Sergio intentó estirar la mano para tocar las firmes marcas rojas en el cuello de Marina, pero ella retrocedió con cierta precaución.
Sergio guardó silencio. Lo que ocurrió antes, fue su pérdida de control.
Durante el resto del trayecto, los dos no intercambiaron palabras. Al llegar a casa, Marina notó a