El cielo estaba teñido de un rojo intenso, como si la misma luz anunciara la llegada de la confrontación final. El viento azotaba la montaña, arrastrando hojas y polvo, mientras Ciel, Ian y Jordan se preparaban en el claro de la antigua fortaleza del linaje Vorlak. Cada piedra, cada símbolo, parecía vibrar con la energía de los antiguos portadores.
—Hoy termina —dijo Ciel, su voz firme, mientras su marca brillaba con un rojo carmesí casi cegador—. Hoy Azrael descubrirá que esta vez, somos nosot