El bosque alrededor de la fortaleza del linaje Vorlak estaba en calma. El viento ya no era cortante ni portador de presagios, sino un murmullo suave que recorría las hojas y los árboles, como si el mundo mismo respirara aliviado. La luz del amanecer iluminaba el claro donde Ciel, Ian y Jordan se encontraban, todavía recuperándose del intenso enfrentamiento con Azrael.
Ciel estaba sentada sobre una roca, su respiración profunda y controlada. La marca del eclipse brillaba suavemente en su brazo,