Los rugidos de la guerra resonaban en todas direcciones. El campo se había convertido en un infierno: colmillos contra acero, sombras contra luz, fuego negro contra explosiones doradas. Vampiros caían y se levantaban de nuevo, como si la propia luna carmesí les devolviera fuerzas.
Pero en el centro de todo, las miradas de Ciel y Kaelion se encontraron. El líder del sur avanzó con calma, abriéndose paso entre el caos como si nada pudiera tocarlo. A cada paso suyo, los gritos se silenciaban, las