El cielo se cubrió de nubes densas, ocultando las últimas luces del día. El viento soplaba con un murmullo extraño, como si el bosque mismo quisiera advertirles que no entraran.
Ciel ajustó la capa sobre sus hombros, sintiendo cómo el frío se colaba hasta sus huesos. A su lado, Ian caminaba apoyándose en un bastón improvisado, cada paso dejando un rastro de sangre seca en el suelo. Leonardo lideraba, con una antorcha en la mano y la mirada fija hacia el horizonte.
—Manténganse cerca —ordenó con