El primer rayo del amanecer se filtró por entre las cortinas, pintando de oro tenue las paredes del cuarto. Ciel abrió los ojos lentamente. El calor de la manta y el murmullo lejano de rezos aún resonaban en su mente. Por un momento, pensó que todo había sido un sueño. Pero el nudo en su pecho seguía ahí. Real.
Se incorporó con esfuerzo. Sentía el cuerpo pesado, el alma aún más. Afuera, en el pasillo, escuchó pasos y el crujir leve de la madera. Salió de la habitación y se encontró con la image