El aire se volvió denso, como si el bosque entero contuviera el aliento.
La luz plateada que brotaba de Ciel pulsaba al ritmo de su corazón, cada latido más fuerte, más doloroso, como si una parte de su alma estuviera siendo arrancada.
—¡Ciel, no! —la voz de Leonardo fue un rugido desesperado, pero no se atrevió a tocarla—. ¡Si lo haces, no habrá vuelta atrás!
El cazador dio un paso más, la tierra tembló, y su sombra cubrió a todos como una marea oscura.
En sus ojos de fuego, ya no había hambre