(Continuación directa del punto donde Ciel está inestable, Ian y ella enlazados, y Alexandre vigilando desde las sombras.)
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El viento dejó de soplar de golpe.
Como si el bosque entero contuviera el aliento.
Ian seguía aferrado a Ciel, sintiendo su energía pulsar como un corazón doble intentando latir dentro de un mismo cuerpo. Ella temblaba, sus ojos divididos entre luz y oscuridad, entre humanidad e instinto puro.
—Ian… —susurró, con la voz quebrada—. Algo… algo me está llamando…
Él la