El silencio cayó como una losa.
Ciel sintió que el corazón se le partía en el pecho cuando vio el pequeño cuerpo de su hijo aflojarse entre sus brazos. La luz que antes vibraba alrededor de él ahora era apenas un parpadeo débil, casi inexistente.
—No… no, no, no… —susurró ella, temblando—. Mi amor, mírame… respira…
El bebé no reaccionó.
Ian se arrodilló a su lado, con el rostro completamente descompuesto.
—Ciel… ¿qué está pasando? —preguntó con la voz quebrada.
Ella no pudo responder.
Un miedo