Por Evangelina
Lavé los platos y acomodé la cocina, luego serví dos cafés.
Estaba nerviosa, tal vez esperando que Edgardo me dijera que se quería quedar a dormir y por supuesto estaba intranquila, es que la fea sensación al escuchar a esas dos mujeres, no me la pude sacar del todo.
Llamé por teléfono a Candela, para saber cómo estaba y para desearle buenas noches.
Edgardo no se había vuelto a acercar y por supuesto, yo no le iba a dar ninguna señal, pero cuándo le dije buenas noches a mi hija,