Por Evangelina
Bajé del ascensor y empujé otra puerta de vidrio, en donde también miré mi imagen reflejada.
Respiré más tranquila, luego doblé por el pasillo hacía el hall central, llegué a una oficina en donde había tres escritorios.
Las chicas que trabajaban allí, eran las que trabajaban siempre, las conozco de vista, las observé por unos segundos.
-Buenas tardes.
Les dije con una sonrisa.
-Buenas tardes.
Me contestaron.
No me preguntaron quién soy, ya lo sabían.
Sin dar una explicación, empu