Parte 4. Capítulo 12. ¡Detente!
Deibi entró sin ser invitado a una habitación solo para enfermeras, donde las mujeres que trabajaban en los diversos consultorios del centro de salud guardaban sus pertenencias y descansaban en medio de la jornada.
En esa ocasión, el cuarto estaba casi desolado, solo una chica se encontraba dentro. Una rubia de ojos verdes e hipnóticos que tenía los nervios del guerrero atados en un cordón fuerte en su pecho.
Al sentir la invasión, la mujer dejó de revisar su teléfono móvil y se giró con rostro