Parte 2. Capítulo 27. Confesiones.
Javier, al verla divagar, se atrevió a tomar sus manos. No podía perderla ahora. Necesitaba toda la información que podía darle.
—Vamos, preciosa. Dime lo que sepas, por más absurdo que te parezca.
Los ojos húmedos y enrojecidos de Isabel se clavaron en los oscuros de él. Ella permitió que la arrullara con sus manos porque le urgía su contacto. La cercanía de Javier le trasmitía emociones agradables y consoladoras. Era una especie de sedante.
—Comencé a soñar con la mirada enfurecida de la best