Parte 1. Capítulo 18. El descubrimiento
Corría con rapidez por la tupida selva. Los obstáculos no eran impedimentos para él. La agilidad que le concedía la bestia le permitía atravesar kilómetros de indómita vegetación en solo segundos.
Su cuerpo, marcado por cientos de heridas, comenzaba a sanar. Se regeneraba con sorprendente velocidad.
Agudizó los sentidos para buscar la fuente del olor que lo perturbaba. Era sangre y carne humana. La bestia enloquecía al sentirla.
Sin embargo, no era común captar esa fragancia en ese sector de la