Parte 1. Capítulo 13. La piel del deseo
Para sosegar los nervios de la chica, Gabriel la tomó de la mano y la levantó del banco dispuesto a dar una caminata con ella.
Al pasar el malecón, la línea de costa se sumergía por una oscuridad solo amparada por la luz de la luna y precedida por una arena salpicada de una vegetación llena de hierbas, arbustos y palmeras de gran tamaño.
De haber estado sola, Rebeca jamás se habría introducido por esos parajes y menos a esa hora de la noche, pero de la mano de Gabriel se aventuró, andando prime