Había pasado media hora antes de que el rayo de luz se atenuará; hasta entonces, Belén aún no podía descifrar qué provocaban esas emociones complejas.
Negó con la cabeza y decidió dejar de pensar al respecto.
Se puso de pie, encendió las luces, sacó la carta de Junior y la leyó en silencio en el escritorio. A él siempre le encantaba utilizar esa clase de papel para sus cartas, y en la parte superior, incluso dibujó un corazón rojo. Cuando Belén lo vio, se le derritió el corazón.
«Querida her