Una vez que todo terminó, miró a su padre a los ojos y le preguntó cuál algo de impotencia.
— Padre… ¿Por qué entraste aquí?
Horacio ardía de ira y su rostro estaba enrojecido. Si no estuviera curado, sin duda habría tenido un ataque cardíaco en ese instante.
—¿Por qué entré? ¿Te atreves a preguntarme cuando hiciste algo tan desvergonzado? ¿No te da vergüenza? ¿No tienes ningún maldito sentido de la vergüenza en lo absoluto? — rugió.
El que jamás había insultado antes, no pudo mantener