Al día siguiente me desperté escuchando la melodía de mi móvil, me incorpore en la cama para coger el teléfono dándome cuenta de que era David el que me estaba llamando. Le di al botón de desconectar pues no me apetece discutir con él a las siete de la mañana, dejando el móvil otra vez encima de la mesita. Aunque ya no pude seguir durmiendo, me quedé tumbada en la cama pensando en la época feliz que tuvimos mi esposo y yo y como en cuestión de horas, todo se fue por la alcantarilla, sin saber e