Cuando nuestras respiraciones y nuestros ritmos cardiacos ya estaban más tranquilos, David se arregló la ropa así como yo recogí la mía para también volver a vestirme. Nada más terminar de recomponernos, escuchamos como tocaban a la puerta de mi despacho, abriendo el. Entró enseguida Carlos mirando con extrañeza a David primero y luego a mí.
—- Keira ¿has terminado ya el patrón del collar que tenemos que presentar? —- me pregunto.
—- Lo tenía casi terminado, pero he tenido un pequeño accidente