Aquel hombre me miraba de una manera que nada me gusto, pues su rostro tan serio me hizo imaginarme que yo no era esa clase de mujer para cuidar a la bebe de su hija fallecida, ni la mujer que pudiera reemplazar a su hija fallecida.
—- David, hablaremos tu yo a solas, cuando las mujeres no están presentes, pero mi nieta no sale de su país, no te doy el consentimiento — le comunicó ese hombre.
El matrimonio se marchó, fijándome en lo roto que David estaba, su cara se desencajó en un momento, sen