—Buenos días, Min —contestó Johanna, amable y sonriente.
Johanna se acerca a su amiga mientras se quita el blazer dejándolo sobre la silla y arrojándose sobre la cama al lado de ella.
—Es lo único que dirás después de no venir a dormir, me tenías tan preocupada, creí que te había pasado algo y que mi madre estaba tan molesta preguntando dónde estabas —protestó la coreana molesta—, además no tuviste la decencia de decirme si estabas, ya me acabé las uñas.
—Cálmate Min
—¡Que me calme! Estuv