A la mañana siguiente, Sam abre los ojos sintiéndolos muy pesados, pero de inmediato el dolor de cabeza se hace presente, sintiéndose fatal.
Se pone de pie, cubriendo su cuerpo desnudo con una bata, sale de la habitación, dirigiéndose con dificultad por los pasillos hasta llegar a la cocina, donde ve a su esposa cocinar.
—Buenos días, amor —saludó Johanna con alegría.
—Buenos días, cariño —dijo, sentándose en la silla frente a la mesa y agarrando las sienes.
—¿Te duele la cabeza? —pr