Al día siguiente las cortinas son corridas haciendo que la luz invada la habitación y por ende impacte en los ojos de la castaña que está tirada sobre la cama. Ella abre poco los ojos intentando acoplarse a la luz, mira una silueta borrosa al lado de la ventana y poco a poco su visión mejora donde se cuenta que la que acaba de abrir las cortinas en su amiga Min.
—Feliz cumpleaños Johanna —la felicita—, ¡levántate!—exclamo la coreana frenéticamente.
—Buenos días, Min. Gracias, pero ¿a qué