—Eres un padre espectacular —dijo Johanna sin apartar su mano ni su vista de él.
—¿Lo soy? —preguntó el coreano muy desconcertado.
—Si lo eres, le has enseñado a tu hija a no odiar a su madre sin importar que ella no le importe y ese es un magnífico ejemplo —dijo Johanna olvidando por completo que está hablando con un coreano.
El señor Kim no encuentra las palabras adecuadas para responder a lo que ella le ha dicho más por el gesto que hizo, ya que aquí no es nada común, pero le agrada,