Capítulo treinta y ocho: La Casa Hija se defiende.
Tragué saliva. Me quedé viendo a Austin como si fuera un holograma, un espectro. Sus palabras me dejaron estupefacta. No me lo podía creer. Primero lo de mis recuerdos alterados y ahora esto. Debía ser una broma de muy mal gusto. Mi padre era machista y retrograda, pero… ¿un asesino? ¿Capaz de lastimar a su propia hija, sangre de su sangre? Me crió desde mi nacimiento, me dio la mejor educación, alimentos, me leía antes de dormir y me preguntaba sobre mi día después de llegar de la escuela.
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