Capítulo ochenta y cuatro: Enfrentando al verdadero enemigo.
La puerta se cerró detrás de nosotros. Austin me cedió el paso para que me sentara en uno de los sillones frente al escritorio de mi padre. Mi esposo se sentó a mi lado, ajustándose los gemelos como si no estuviera frente a su enemigo mortal.
―Cuánto tiempo sin verlo, Cornelio. ¿Cómo está todo? Lo extrañamos en nuestra boda ―Soltó mi esposo. Un comentario mordaz dicho con una sofisticación que dejaba en duda si estos hombre se llevaban mal.
Se llevó mi mano a sus labios y la besó. Unió nu