Capítulo cuarenta y tres: Sueño revelador.
Me despedí de la joven, la cual estaba muy agradecida. Sus ojos azules lo reflejaban y sus palabras también.
Salí del supermercado con las bolsas en mano, miré el estacionamiento en busca de un taxi y en su lugar encontré a Austin en un coche, en la parte trasera, con la ventanilla abajo. Ladeé la cabeza y él solo abrió la puerta. No salió, esperaba que entrara. Y para mí desgracia, eso hice. Las bolsas me pesaban. Me monté a su lado.
―Un caballero se hubiera ofrecido ayudarme a cargar las