Capítulo cuarenta y cuatro: Dolorosos recuerdos.
Abrí los ojos y me costó distinguir lo que era real y lo que no. Se sintió tan vivido, mi corazón, las emociones, el miedo de ser encontrada. El miedo a mi… a mi padre. ¿Yo le tenía miedo?
Mantuve mis manos en alto, detallándolas. Eran las mismas manos que sostenían la maleta, las mismas que sostenían el celular con el que hablé con mi amiga.
No entendía lo que pasaba, lo que mi mente reprodujo como una cinta de vídeo rayada. ¿Esto era parte de aquello que olvidé? Pero, ¿como hice para olvi