El juez civil había llegado al lujoso salón. Laura no cabía de la alegría; contaba los segundos para que la ceremonia se llevara a cabo, antes de que ocurriera algo que hiciera a Luis Fernando arrepentirse. Lo notaba muy callado y, además, había estado bebiendo más de la cuenta.
Todos los invitados ocuparon sus lugares. La prensa estaba muy atenta a todo lo que pudiera pasar, y los fotógrafos se aglomeraron para poder captar el mejor ángulo de los contrayentes.
Greta sonreía, satisfecha de habe