Tomás suspiró al pensarlo.
Cuando vio a Isabella bajar sola del coche, preguntó con curiosidad:
—Bella, ¿por qué volviste a casa sola?
Isabella negó suavemente con la cabeza.
—No sé qué pasó. Las vi irse y las llamé desde atrás, pero no me escucharon… El conductor regresó y me recogió.
Isabella era amable por naturaleza, pero eso no significaba que dejaría que otros se aprovecharan de ella sin consecuencias. Siempre encontraba la manera de responder.
No le prestaba demasiada atención a An