Tomás suspiró al pensarlo.
Cuando vio a Isabella bajar sola del coche, preguntó con curiosidad:
—Bella, ¿por qué volviste a casa sola?
Isabella negó suavemente con la cabeza.
—No sé qué pasó. Las vi irse y las llamé desde atrás, pero no me escucharon… El conductor regresó y me recogió.
Isabella era amable por naturaleza, pero eso no significaba que dejaría que otros se aprovecharan de ella sin consecuencias. Siempre encontraba la manera de responder.
No le prestaba demasiada atención a Ana porque la consideraba una tonta. Todo lo que hacía era comportarse de forma infantil: pedirle al chofer que condujera sin esperarla o presumir delante de ella como un pavo real. Isabella pensaba que era una pérdida de tiempo gastar energía en alguien así.
Pero esta vez era distinto. Percibía que Ana buscaba montar un gran espectáculo… y eso despertaba su interés.
Por eso había decidido adelantarse con un movimiento preventivo.
Si la querían incriminar, no obtendrían más que reproches. Si in