—¡Muy bien! ¡No te saldrás con la tuya! —escupió Adriana con furia.
Ella Y Ana bajaron del coche. Adriana lo fulminó con una mirada cargada de amenaza, pero al conductor no le importó en lo absoluto. Por primera vez hacía algo de acuerdo con su conciencia. Dio la vuelta y regresó directamente al lugar para buscar a Isabella, mientras Adriana y Ana tomaban un taxi para regresar a casa.
El taxista, intrigado, volteaba a mirarlas una y otra vez.
—¿Qué miras? ¡Sigue adelante! —lo reprendió Ana con