capítulo 38

Su risa los dejó embobados, como gansos hipnotizados.

—Díganme —preguntó con tono casi juguetón, apoyando la barbilla en su mano—, además de desfigurarme, ¿qué más les pidió Michelle Roosevelt?

Ellos, convencidos de que no tenía escapatoria, contestaron sin pensarlo:

—Que te cortáramos las dos manos.

—Echa la culpa a tu buena apariencia —agregó otro—. Solo hacemos lo que nos pagan. Tal vez, en tu próxima vida, quieras ser menos bonita.

—Te metiste con la persona equivocada —rió el cuarto—.
Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App