Los presentes la miraban con lástima.
> “Pobre chica”, pensaron.
“Tan hermosa, tan joven… y a punto de ser una amante mantenida.”
Parecía demasiado pura y delicada para algo así.
Sin embargo, antes de que alguien pudiera reaccionar, Isabella levantó el brazo y estrelló la botella contra la cabeza del hombre.
Un sonido seco y cortante llenó el bar.
El cristal se rompió y la sangre comenzó a brotar de su cuero cabelludo.
Hubo unos segundos de silencio absoluto. Luego, gritos.
Varias mujeres se taparon la boca horrorizadas.
Isabella permaneció inmóvil.
Sostenía el cuello de la botella rota y, con la punta afilada, apuntó directamente al ojo del hombre.
Se agachó lentamente, tan cerca que él podía sentir su respiración en el rostro.
—¿Y ahora qué? —preguntó con una sonrisa suave, casi angelical.
Un escalofrío recorrió a todos los que miraban.
Aquella joven que parecía frágil y obediente, ahora emanaba una frialdad escalofriante.
Era hermosa, sí… pero también