—¡Dijo que era la doctora Dónovan! ¡Por favor! Algunos se hacen pasar por hermanos, otros por clientes o incluso por sus jefes… pero es la primera vez que alguien afirma ser doctora.
La segunda se echó a reír.
El señor Xavier Wilson, uno de los abogados más prestigiosos de Wallsvale, llevaba casi una década en el negocio y jamás había perdido un solo caso. Había construido su reputación paso a paso, hasta convertirse en una leyenda en su campo.
Xavier Wilson era admirado por sus colegas como un referente absoluto en el mundo legal. Su nombre era el primero que venía a la mente cuando alguien hablaba de abogados.
Para sus clientes, representaba una garantía de victoria, el símbolo mismo de la esperanza.
Quien quisiera ganar un caso sabía que debía acudir a él, porque simplemente no perdía.
Las llamadas a su despacho eran constantes: personas que decían conocerlo, antiguos “amigos” o “clientes” que intentaban saltarse el proceso de concertar una cita formal.
Sin embargo, solo unos pocos