¿Cómo podían ser tan crueles y calculadores, al punto de querer aprovecharse de una muchacha de apenas diecinueve años?
—Tíos —dijo con voz calmada pero cargada de ironía—,no tenemos ningún problema urgente que requiera la ayuda de Bella. Así que no veo necesario molestarla.
Su tono sonaba educado, pero la frialdad de su mirada lo decía todo.
Los ancianos intercambiaron miradas, conscientes de que ni Jim ni Tomás cederían ante la presión directa. Decidieron entonces suavizar su enfoque.