Isabella: [¿No te atreverías?
Alexander: [No iré… ya que me respondiste. Pero dormiremos juntos en el futuro. No soy un monje.]
Isabella casi podía verlo sonriendo frente a su teléfono, encantado de provocarla.
Se dio unas palmadas en las mejillas, apagó el teléfono y fue a lavarse antes de dormir.
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Al día siguiente.
Casi toda la escuela conocía ya la verdadera identidad de Isabella, y el ambiente era indescriptible.
Muchos de los que antes se habían burlado de ella en secreto —creyendo que no era más que una cara bonita— ahora no sabían dónde esconderse.
Aunque Isabella siempre había tenido buenas calificaciones, muchos pensaban que eso no serviría de nada, que algún día haría el ridículo y podrían reírse de ella.
Pero ese día nunca llegó.
Por el contrario, con el tiempo, varios comenzaron a admirarla y hasta a defenderla cuando alguien intentaba menospreciarla.
Y cuando se supo que Isabella era una figura destacada en la industria del diseño de moda, el as