Después de la cena, sirvió té.
El aroma no era ni débil ni intenso, sino fresco y reconfortante.
—Recientemente encontré un nuevo tipo de té —comentó Alexander con voz suave—. Espera un poco, deja que tu estómago digiera la comida y luego pruébalo.
Isabella ignoró su consejo.
Tomó la taza con ambas manos y dio un sorbo.
El sabor era dulce y fragante.
Se recostó en el sofá con satisfacción, como un pequeño gato después de oler hierba, con un leve rubor que se extendía por sus mejilla