Gustavo Street estaba en su sala, su rostro hinchado y marcado por el golpe que había recibido. La habitación estaba en un silencio pesado, como si las paredes mismas pudieran sentir la furia que se desbordaba en su interior. Se frotaba la herida con una toalla, pero ni siquiera eso lograba calmar la rabia que se acumulaba en su pecho. El sonido de unos tacones resonó en el pasillo, y al girar, vio a Ana aparecer en el umbral de la puerta. Su presencia, de alguna manera, solo aumentaba la tensió
J.D Anderson
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