El comedor de los Agosti estaba sumido en un silencio espeso, roto solo por el eco de las palabras de Massimo que aún parecían resonar en las paredes: "He decidido divorciarme de Lauren." La declaración había sido contundente, cortante, como un cuchillo que desangraba el orgullo de la familia.
Ricardo Agosti, sentado en la cabecera de la mesa, golpeó con fuerza la superficie de madera pulida, provocando un sobresalto en algunos de los presentes.
—¡¿Te has vuelto loco?! —rugió, su voz grave y po